Cuando un alma encuentra su pareja en la tierra… hay fiesta en el cielo
-Te amo.
Te bendeciré toda mi vida, te invoco alzando mis manos… y mis labios te alaban con alegría. En el lecho me acuerdo de ti, medito en ti en mis vigilias, y a la sombra de tus alas canto con alegría.
(Salmo 63)
-Llegaste
¿Cómo y cuándo? No sé la hora ni el instante preciso, pero llegaste a mi camino, serena, sin rumor, ni estruendo. Como se inicia el alba, como empieza el rocío a formarse en el cáliz de las flores, como empieza la estrella a afirmarse en los cielos del crepúsculo. Así fue. Entre el polvo de mi sendero abrupto y solitario silenciosamente te colocaste a mi vera. No supe que eras tú, mas yo sentía más firme ahora mi báculo, más fuerte y más ligero el pie, más puro el aire, más ancho el horizonte, y menos fatigosa la jornada. Empecé a ver que el polvo del camino se me iba haciendo polvo de oro, al sol de aquella tu presencia misteriosa.
(G. Báez)
-Eternidad
Viniste a mí y comprendí que era el principio de algo único. Tus ojos me miraron y pude verme en ellos. Sentí que realmente me querías, Vi el verdadero sentido de la vida. No precisé de palabras para entenderte… Y sentí la alegría de querer sin tiempo ni medida.
(A)
-Quiero
Yo quiero ser la suave y perfumada brisa de primavera que acaricia tu cara. Quiero ser el rayo de luz que te salude cuando despiertes. Yo quiero ser la almohada donde reclines tu cabeza triste. Yo quiero ser la hierba tierna y fresca donde caminen tus cansados pies. Yo quiero ser la música con la que bailes feliz y contenta. Yo quiero ser la iglesita solitaria del camino donde entres a buscar a Dios.
(A)